Ideario cínico de un romántico

Nietzsche, Mas allá del bien y del mal


La madurez de un hombre consiste en recuperar la seriedad con que jugaba cuando era niño.

Gracias a la música, las paciones gozan de sí mismas.

Lo que se hace con amor sucede más allá del bien y del mal.

Cuando comunicamos a alguien de nuestro conocimiento, dejamos de amarlo suficientemente.

Para saber de suciedad hay que ensuciarse, por eso para saber que es el amor primero hay que enamorarse.*

El amor hace que afloren las cualidades más elevadas ocultas del que ama, lo que hay en él de raro y de excepcional. En este sentido, engaña tan fácilmente respecto a lo que en él constituye la regla.

Hablar mucho de uno mismo también es una forma de esconderse.

Como no podemos abrazar a todos los seres humanos, a veces abrazamos a uno cualquiera por amor a la humanidad: pero eso precisamente no se lo podemos confesar a ese cualquiera que abrazamos.


* Adaptación Nietzscheana.

Despertar


La balanza se volteó de nuevo en mi contra. El fantasma multicefalo apoyaba su extremidad sobre mi pecho asfixiándome mientras las mil caras que salían de su cuerpo me miraban, en sus ojos veía mi reflejo totalmente deteriorado por la agudeza de sus juicios.

Desperté exaltado y me senté en el borde de la cama, abrí los ojos con la esperanza de salir inmediatamente de la alucinación. Eran las cuatro de la mañana y los silbidos de los pájaros anunciaban un amanecer que no llegaba. La luz solar parecía ser el único remedio que podía sacarme del paroxismo que ya despierto se volvía real. Fue insoportable, especialmente después de sentir el asfixiante calor de su aliento en mi cara que advertía que aún no había acabado conmigo.

Salté de la cama y huyendo del yugo de su presencia salí de la habitación para buscar una ducha caliente pensando que así podría librarme de él. En el transito hacia el baño me despojé de la ropa desesperado, encendí la luz y frente al espejo descubrí la desnudez de mi conciencia. La piel se erizaba mientras el frío de la soledad recorría mi cuerpo.

Poseído por el espíritu que me había robado el sueño, verdugo y victima eran la misma persona frente al espejo.

El efecto gin tonic

El azar rige al mundo y una vez cada cierto tiempo somos privilegiados de su poder. Era una tarde cualquiera, en un día cualquiera, en una ciudad cualquiera, en una oficina cualquiera. Daniel se alistaba para salir del trabajo rumbo a su casa. En la puerta se cruza con su amigo del trabajo que lo invita a tomarse unas cervezas. Al llegar al lugar habitual, en una calle cualquiera, en un bar cualquiera donde se escucha buena música, los colegas se acomodan en una mesa de la terraza y piden unas pintas. Daniel es un individuo absolutamente convencional: marido, prospero editor de libros, una persona conforme con su vida que no se queja de nada.

Los amigos de oficina hablan de temas habituales mientras beben sus cervezas, de pronto Daniel se da cuenta que alguien conocido se acerca a la mesa, es la hermana de Raúl, su compañero de trabajo. Raúl los presenta, Daniel sabía que era su hermana pues ya la había visto en la fiesta de halloweeng organizada por Raúl el año pasado. Helena es una mujer de rasgos delicados, pelo castaño y labios delgados que sonríen de manera contagiosa. Helena se sienta a la mesa y entra en la conversación. Daniel empieza a notar que Helena tiene algo que le atrae y ahora viéndola a los ojos no puede evitar caer dentro de la profundidad de su mirada. Helena pide un Gin tonic, el tiempo pasa y Raúl empieza a verse excluido de la conversación. Daniel y Helena se miran mientras el uno escucha a la otra y viceversa. Daniel empieza a sentir una extraña sensación, es como si se hubiera conocido con Helena desde hace mucho tiempo o en otra vida. El aroma dulce del perfume de Helena empieza a diluir a Daniel en la conversación, como si en ese instante un poderoso virus entrara a su sistema inmunológico y empezara un proceso bioquímico en el cual él es invadido por ella.

La noche pasa rápido para Daniel. Se dividen la cuenta entre los tres. Las responsabilidades, los deberes y compromisos se vuelven a instalar en la cabeza de Daniel como si se despertara de un sueño. Daniel se acerca a Helena y le da un beso en la mejilla con el fin de quedarse unos minutos más con su aroma. Los tres se despiden y caminan hacia direcciones diferentes. Daniel transita hacia su casa que esta a pocas cuadras. Mientras va atravesando la calle una camioneta con exceso de velocidad se pasa el semáforo en rojo. Daniel sólo alcanza a escuchar el chirreo de las llantas, voltea su cabeza y apenas ve la camioneta que se dirige hacia él cierra los ojos. La oscuridad ahoga a Daniel, todo queda suspendido en un tiempo inmóvil, el silencio es absoluto. Cuando Daniel vuelve a abrir los ojos se da cuenta que sigue allí parado, estático, la gente que lo mira aun tiene en sus caras una expresión de desconcierto, una mujer todavía permanece con sus manos sobre los ojos y la boca abierta. Unos centímetros más y Daniel habría muerto aplastado por el bumper delantero de la camioneta. En ese momento Daniel siente como si le hubieran quitado un vendaje de los ojos que no le permitía ver el mecanismo de la vida. De inmediato se da cuenta que el mundo no es un lugar tan ordenado como creía, que ha estado equivocado desde siempre y jamás ha entendido nada de lo que pasa en él.

Daniel llega a su casa, se pone la pijama y se acuesta al lado de su esposa que duerme tranquilamente. A la mañana siguiente mientras toma el desayuno concluye que no tiene más remedio que someterse a la fuerza aleatoria que rige al mundo. De inmediato llama a Raúl, le pide el correo electrónico de su hermana, él se lo da sin preguntar nada. Daniel llega a su oficina y antes de sentarse a trabajar le escribe a Helena: “Un instante en la vida es todo lo que necesitamos, un segundo para que pase todo y nada a la vez. Todo pasa en un segundo, una mirada, una sonrisa, morirse, un beso, enamorarse… pero se requiere mucho más de un segundo para olvidar todo lo anterior. Algo así pasó ayer y espero que hoy se vuelva a repetir. Necesito verte una vez más.”

Mayéutica entre copas

Nadie es perfecto, no obstante, hay que tener cuidado con lo que se da y lo que se recibe. ¿Qué significa y que peso tiene cada cosa que se hace o se dice? No es sólo una cuestión de poner en una balanza; el problema es más complejo. Hay que llegar a acuerdos sobre el sentido de las cosas. La libertad por ejemplo, qué tan libre puede ser uno cuando se está preso del deseo, la utopía, la ficción. Me refiero al lastre del pasado y la ansiedad del futuro. Qué tan libre se puede estar de la razón, del deber ser, de las convenciones, de los compromisos, de las expectativas. ¿Esa es también una realidad con la que hay que aprender a vivir? Qué significa ser uno mismo, ¿será que algún día podremos liberarnos de esa pregunta?