
No les ha pasado que a veces no tienen nada que decir. Cuando hables, procura que tus palabras sean mejores que el silencio, dice un proverbio hindú. A veces lo mejor es guardar silencio y volver sobre los pensamientos hasta verdaderamente encontrar algo relevante que decir. Evidentemente esto es una excusa elegante por haber abandonado el blog tantos días. El blog es como un hijo que cuando nace hay que seguirlo alimentando para que no se muera.
No tengo mucho que decir por estos días excepto que estoy lleno de un sentimiento de melancolía que contamina todo lo que digo. Y es que volver a los recuerdos del pasado es un pequeño infierno. Hace un año regresaba de un viaje que cambió mi perspectiva del mundo. Allí conocí gente de diversos países, hice amigos, pero sobre todo me descubría a mi mismo en un contexto totalmente diferente al que estaba acostumbrado. Es raro darse cuenta que uno es una persona muy diferente dependiendo del lugar en el que este parado. Al revivir esos recuerdos del pasado descubro que siempre que vuelvo al lugar que pertenezco vuelvo a ser una cosa parecida, no obstante entiendo que la familiaridad es una cárcel de oro que brinda seguridad pero limita las posibilidades de conocimiento personal.